SANTUARIO Y PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Gruta y Basílica. Quinta Normal, Santiago de Chile.


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DÍAS DE LA NOVENA DE LOURDES

Virgen Procesional

PRIMER DÍA - 2 DE FEBRERO: EN LOURDES RESPLANDECE LA LUZ

RELATO:

Lourdes, 11 de Febrero de 1858, amanece frío y sombrío. En el antiguo calabozo del pueblo, donde ahora vive la familia de Bernardita, ya no queda leña para encender el fuego.

Bernardita y su hermana Toñita se ofrecen a su madre para ir a buscar algunas ramas secas a la orilla del río Gave. Juanita, otra niña vecina, también las acompaña.

“¿Y si fuéramos a ver la desembocadura del arroyo en el río?”, propone Bernardita. Dicho y hecho. Delante de la Gruta encuentran un montón de leñas y huesos. Pero hace falta atravesar el arroyo que, aunque no es muy profundo, es muy helado, porque trae agua de la montaña. Bernardita sufre continuamente crisis de asma y teme meter los pies en el agua. Su hermana y la vecina pasan al otro lado. Bernardita duda, se queda atrás, al fin decide descalzarse. Y nos cuenta así: “Mis dos compañeras atravesaron el arroyo situado delante de la Gruta. Yo permanecí sola al otro lado y les pedí me lanzasen algunas piedras para poder pasar sin descalzarme. Imposible. Así, pues, volví enfrente de la Gruta. Apenas me había quitado una media, cuando oí un gran ruido como si el viento hubiera soplado. Volví la cabeza hacia la pradera y pude constatar que la calma reinaba y que los árboles no se movían. Proseguí la tarea de descalzarme. Volví a oír el mismo ruido. Levanté la cabeza para mirar la Gruta. Percibí una Joven vestida de blanco: llevaba un vestido y un velo blancos, un cinturón azul y una rosa dorada en cada pie, del color de la cadena de su rosario; las cuentas de su rosario eran blancas. El terror me sobrecogió. Creía soñar y me frotaba los ojos. Volví a mirar y seguí viendo a la misma Joven. Pude ponerme de rodillas y rezar el Rosario. Cuando lo hube acabado, la Joven me hizo señas de acercarme, pero yo no me atreví y me quedé en el mismo lugar.”

Una suave luz ilumina la sombra de la Gruta, y en esa luz, una sonrisa. Desde ese momento, Bernardita queda sobrecogida por la alegría intensa y profunda que la Virgen le comunica.

Desde su tercera aparición, el 18 de febrero de 1858, Bernardita acudirá a las citas con la Virgen, llevando siempre un cirio que mantendrá encendido durante su aparición. Desde entonces, Lourdes empieza a estar iluminado con la luz de miles y miles de ventanas y antorchas. La luz ha disipado las tinieblas de la oscuridad de la Gruta.

EVANGELIO: Juan 1, 1-18.

SIGNO: Cirio Pascual, bendición de velas.

SEGUNDO DÍA - 3 DE FEBRERO: LA VERDAD TRIUNFA EN BERNARDITA:

RELATO:

¿Cómo se sentía Bernardita en medio de la agitación, de la curiosidad de la gente y de la sospecha de muchos? Tranquila y segura, a pesar de las contradicciones de todas clase. La primera prueba para ella fue sentir que muy pocas personas al principio creían en su sinceridad y en la verdad de lo que contaba. Pero estaba tan segura de lo que ella veía que nada podía turbar su paz interior.

El domingo 21 de febrero, el Comisario del pueblo la cita a su casa.

El interrogatorio es largo: nombre, apellido, edad, si sabe escribir o no. Continúa el Comisario:

- Así que, Bernardita, ¿tú ves a la Santísima Virgen?

- No he dicho que he visto a la Santísima Virgen.

- Ah, bien. ¡Entonces tú no has visto nada!

- Sí. ¡Algo he visto!

- Y, ¿qué has visto?

- Algo blanco.

- ¿Una cosa o una persona?

- Algo que tiene la forma de una Joven.

Y Bernardita explica cómo está vestida esa Joven. Pero el Comisario trata de hacer que se contradiga:

- Tú soñaste, hija.

- No, estaba bien despierta.

- Te pareció ver.

- No, me refregué bien los ojos.

- Y las otras, tienen ojos también. ¿Por qué no vieron?

- No sé, pero yo estoy segura de haber visto.

No hubo forma de hacerla callar la verdad. Bernardita no tiene miedo al Comisario, a pesar de que todos en Lourdes tiemblan ante él.

Pero el Comisario no quiere salir vencido por esta niña y se pone a leer lo que tiene escrito en su informe:

- La Virgen me sonríe …

- No he dicho la Virgen, replica Bernardita, y agrega:

- Ud., señor, me ha cambiado todo.

Entonces el Comisario se enoja con ella y la insulta:

- ¡Tonta, imbécil!, ¡toda la gente corre detrás de ti!

- A nadie le pido que venga conmigo.

- Claro que sí, tú estás contenta de mostrarte.

- No, estoy cansada de todo esto.

El interrogatorio dura mucho, y un grupo de personas se va reuniendo delante de la casa del Comisario. Los padres de Bernardita están preocupados y quieren sacar a su hija. Pero el Comisario hace un mismo intento:

- Oye, Bernardita, te metiste en un lío. Yo puedo arreglar todo esto. Pero con una condición: confiesa que no has visto nada.

- Pero, señor, si yo he visto. No puedo decir otra cosa.

- Prométeme no volver a la Gruta. Es tu última oportunidad.

- Señor, he prometido volver.

- Entonces, voy a buscar a los gendarmes para que te echen a la cárcel.

Tampoco con estas amenazas Bernardita se asusta, y al final el Comisario se ve obligado a devolverla a sus padres, amenazándolos a ellos también. Esta fue la primera vez que Bernardita tuvo que presentarse delante de “esos señores”.

Días después, tuvo que comparecer ante otras autoridades públicas. Fue con su madre. De nuevo tuvo que luchar arduamente por más de dos horas para mantener la verdad de los hechos que había narrado.

Hablar con el Párroco no fue tampoco tarea fácil para Bernardita. Aunque era un hombre muy bueno, a veces se enojaba mucho. Tres veces tuvo que ir Bernardita a la casa parroquial para darle los recados de la Aparición: la procesión, la capilla… Esos pasos exigían de la niña mucha valentía, y la certeza del mensaje que tenía que transmitir.

EVANGELIO: Mateo 10, 16-20.

SIGNO: Una Biblia en un lugar destacado, bendición de biblias. Procesión a una Roca de Lourdes.

TERCER DÍA - 4 DE FEBRERO: LOURDES, MANANTIAL DE AGUA VIVA.

RELATO:

Jueves 25 de febrero de 1858. Llueve en Lourdes. Pero esta lluvia no impide que desde la madrugada bajen a la Gruta los entusiastas de las Apariciones, los curiosos y los que no creen. Gente de Lourdes y gente de afuera. Hay más de trescientas personas en la Gruta cuando, hacia las cinco de la mañana, llega Bernardita acompañada por tres tías. Hace una hermosa señal de la Cruz y empieza a rezar el Rosario. Poco después, entra en éxtasis.

De pronto, pasa su cirio a una de sus tías. Camina de rodillas sobre el duro suelo, besa la tierra. Los que están cerca, oyen pronunciar a la vidente tres veces seguidas: “Penitencia, penitencia, penitencia”. Bernardita baja la pendiente en dirección al río Gave. De repente, deteniéndose bruscamente, vuelve la cabeza hacia la Gruta como si alguien la llamara y le dirigiera la palabra. Responde con un signo afirmativo. Se levanta, vuelve sobre sus pasos y camina hacia la Gruta. Busca con la mirada a su alrededor. Levanta la cabeza como para interrogar a la Aparición, y luego, como segura de sí misma, se adentra en la cavidad de la Gruta, se inclina hacia el suelo húmedo, y se pone a escarbar la tierra. Bernardita toma en el hueco de su mano un poco del agua fangosa que comienza a brotar; dos o tres veces trata de beberla. La escupe con asco. A la cuarta logra beberla con esfuerzo y se lava la cara con ella. A continuación come un poco de hierba. “Se ha vuelto loca”, murmura la gente. Sin conmoverse, Bernardita vuelve a su sitio y permanece en oración. Terminada la visión, Bernardita se retira.

Cuando le preguntan el sentido de todo esto, Bernardita responde: “La Joven me dijo que fuera a beber agua a la fuente y que me lavara. Al no ver ninguna fuente, me dirigí hacia el río. Me dijo que no era allí y bme hizo seña con el dedo para que fuese bajo la roca. Fui allí y encontré un poco de agua que parecía barro, y en tan poca cantidad, que apenas pude recoger un poco con la mano. Me puse a escarbar y pude sacar un poco más. Estaba tan sucia que por tres veces no pude beberla; sólo la cuarta vez lo conseguí. Me dijo entonces que comiera la hierba que se encontraba en ese mismo lugar”.

Cuando le dicen: “¿Sabes que te creen loca por andar haciendo estas cosas?”, Bernardita responde: “¡Es por los pecadores!”

Los pecadores, el pecado, ¿es tan grave todo esto? La mirada y el tono de Bernardita nos muestran el alcance de su gravedad.

De esta agua barrosa, mana ahora un agua cristalina. Un barro que se transforma en agua pura… Poco a poco se comienza a comprender este mensaje que pide la conversión de los pecadores.

EVANGELIO: Juan 4, 1-30.

SIGNO: Un recipiente con agua, bendición del agua. Renovación de promesas bautismales.

CUARTO DÍA - 5 DE FEBRERO: EN LOURDES, MARÍA ROBUSTECE NUESTRA FE.

RELATO:

En Lourdes, la Virgen eligió una roca para conversar con Bernardita. Un ancho hueco se abría en la roca. Ramas muertas, abandonadas por la crecida de las aguas, cubrían el suelo.

Éste sería el escenario de las dieciocho Apariciones de la Virgen en Lourdes.

Después de la primera Aparición, Bernardita se sintió nuevamente atraída hacia la Gruta, el domingo 14 de febrero. Más tarde dirá: “Quería comprobar que no había soñado”.

Sin embargo, sus padres le habían prohibido terminantemente volver a la Gruta. Bernardita no se da por vencida. “Al volver de misa, y en compañía de Juanita y Toñita, pedimos nuevamente permiso para ir a la Gruta. Mi madre temía que me cayera al agua y que no alcanzara a llegar para la oración de la tarde. Le prometí que llegaría a tiempo. Y sólo entonces me dio permiso”.

Al poco rato, un grupo de niñas corre hacia la Gruta. Pero antes, recordando Bernardita las palabras de su madre de que pudiera tratarse del demonio, pasa por la Iglesia y toma en un frasco un pooco de agua bendita.

Cuando llegan frente a la roca, se arrodillan y empiezan a rezar el Rosario. De repente, en el segundo misterio, Bernardita exclama: “Aquí está. La veo. Nos está mirando”.

Cuenta Bernardita: “Me puse a echarle agua bendita, diciéndole al mismo tiempo que si Ella venía de parte de Dios, se quedara y que, de lo contrario, se fuera. Y mientras tanto, yo no paraba de lanzarle agua bendita. Ella sonreía e inclinaba la cabeza. Y cuanta más agua bendita yo le lanzaba, más Ella sonreía e inclinaba la cabeza. Y en mi pánico, continuaba tirándole agua bendita hasta la última gota del frasco. Cuando terminé de rezar el Rosario, Ella desapareció”.

En la roca de Lourdes se había aparecido alguien que venía de parte de Dios.

EVANGELIO: Mateo 7, 21-29.

SIGNO: Imagen de la Cruz. Bendición de objetos religiosos.

QUINTO DÍA - 6 DE FEBRERO: LOURDES, CASA DE LOS POBRES:

RELATO:

¿Quién es Bernardita? Una niña pobre. Y a su pobreza natural vendrán a agregarse otras pobrezas. Cuando Bernardita tenía nueve meses de edad, su madre se quemó por accidente el pecho y tuvo que buscar una nodriza para alimentar a su hija. Año y medio tuvo que quedarse Bernardita con esa señora.

Cuando Bernardita tenía cuatro años de edad, su padre, que era molinero, sufrió un accidente. Mientras arreglaba una rueda del molino, una astilla le hizo perder el ojo izquierdo.

Aunque el padre y la madre trabajan duramente, el dinero falta en el hogar. Lo que pasa es que los Soubirous son gente muy buena y acogedora. No saben negarse cuando le piden un favor. No calculan ni exigen y la gente se aprovecha de su buen corazón. Tantas personas les quedaban debiendo, que al fin su padre, Francisco, no pudo seguir adelante y tuvo que dejar el molino y trabajar ocasionalmente en cualquier cosa.

Gana tan poco que los niños crecen desnutridos y con hambre. De los ocho hijos que tuvo Doña Luisa, la mamá de Bernardita, cinco murieron antes de los diez años. Y la mamá también debe trabajar: lavados ajenos, trabajos en los campos, aparte de los cuidados de la casa.

Bernardita se preocupa de sus hermanos; pero no tiene buena salud. Había nacido frágil y necesitaba buena alimentación. Conoció todas las privaciones de las familias que no tienen dinero. Sufría del estómago y, a los once años, una epidemia de cólera que azotó la región la dejó en tan lamentable estado que su madre exclamará: “Este ataque la ha dejado todavía más débil y más enfermiza que antes”. El asma, otra de sus enfermedades, la hará sufrir toda su vida y le impedirá tener un desarrollo físico normal: a los catorce años apenas sí representa doce. Con todo eso, su inteligencia tampoco puede desarrollarse normalmente y casi no puede ir a la escuela. Llega a la edad de la Primera Comunión, pero todavía no ha aprendido el Catecismo porque no sabe leer. Su nodriza trata de enseñarle algo, pero a Bernardita le cuesta aprender: está cansada de cuidar el rebaño todo el día.

En 1855 -Bernardita tiene ya once años-, muere su abuelita materna, dejando un poco de plata a la familia; pero no saben invertirla bien. Francisco quiere arrendar otra vez un molino, pero como no sabe leer, firma un contrato en pésimas condiciones. Al cabo de un año, ya están en la calle nuevamente. Y ya no tienen plata para seguir arrendando una casa. ¿Quién le va a arrendar a una familia que no tiene cómo pagar? Un familiar se compadece: les presta una pieza oscura, sucia y mal oliente. Era el antiguo calabozo de la ciudad. Y la familia se amontona ahí, en esa pieza húmeda y fría, sin luz y sin ninguna comodidad. Dos camas para los seis, una mesa, dos sillas, un pequeño ropero y un baúl, y ya la pieza se hace chica para toda la familia.

Durante el invierno de ese año, Bernardita va a ayudar a su madrina, la tía Bernarda, que tiene un restaurante en la ciudad; pero no le pagan y toda la familia sufre hambre y frío; hay días que no tienen nada que comer.

Un día acusan injustamente injustamente a Francisco de haber robado dos sacos de harina, y lo encarcelan. Se quedará pocos días adentro, pero la gente lo llama ya ladrón, flojo, borracho, y con esa fama no es fácil encontrar trabajo.

Después de las Apariciones de la Virgen, las cosas tampoco se arreglaron en la familia de Bernardita: ella siempre se opuso a sacar algún provecho de su situación de vidente. No aceptaba ninguna donación.

Así es la vida de Bernardita: sin obras, ni escritos, ni triunfos humanos. Su santidad misma es una santidad de pobre. Todo su secreto es la simplicidad. Su vida es una ilustración ejemplar de esta palabra de Jesús.

“Te bendigo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a la gente sencilla”. (Mateo 11, 25)

EVANGELIO: Mateo 25, 31-46.

SIGNO: Un pan grande y un racimo de uvas. Bendición del Pan. Alimentos no perecibles como gesto de solidaridad.

SEXTO DÍA - 7 DE FEBRERO: LOURDES, LUGAR DE ORACIÓN.

RELATO:

Lourdes es tierra de oración. La Virgen se hacía presente una vez que Bernardita se ponía en oración. Así empezó la historia de las Apariciones.

Ese día 11 de febrero, Bernardita se asusta ante el ruido que siente venir desde la Gruta. Y cuando descubre a una Joven vestida de blanco, el terror la sobrecoge.

Cuenta ella misma: “Creía soñar y me frotaba los ojos. Volví a mirar y seguí viendo a la misma joven. Metí la mano en mi bolsillo y saqué el rosario. Intenté santiguarme, pero no pude llevarme la mano a la frente, se me cayó sola. A pesar del miedo, no podía irme. La Joven tomó el rosario que tenía entre sus manos e hizo la señal de la Cruz. Yo empezaba a perder el miedo y volví a tomar mi rosario. Por segunda vez intenté santiguarme y el pánico que experimentaba desapareció: pude ponerme de rodillas y rezar el Rosario delante de Ella. La Joven recorría las cuentas de su rosario entre sus dedos, pero no movía los labios…”

Más tarde, en la octava Aparición, el 24 de febrero, la Virgen le pide expresamente a Bernardita que rece por los pecadores.

Lourdes es tierra de oración. La Virgen lo quiso así. Para complacerla se edificó en ese lugar un gran templo. Allí acuden a rezar peregrinos del mundo entero.

Cuando uno viene a la Gruta de Lourdes, siempre queda impresionado por el ambiente de oración y de paz que allí se vive.

EVANGELIO: Mateo 6, 5-13.

SIGNO: Rosario grande en lugar destacado. Oraciones.

SÉPTIMO DÍA - 8 DE FEBRERO: LOURDES, TIERRA DE PEREGRINOS.

RELATO:

Lourdes, martes 2 de marzo de 1858. Es la 13° Aparición. Si damos crédito al Comisario Jacomet, mil seiscientas cincuenta personas acuden hoy a la Gruta. ¡Y este movimiento de gente se manifiesta cuando es de noche todavía! Bernardita llega hacia las siete de la mañana. Señal de la Cruz, cirio, rosario. Y muy pronto entra en éxtasis. La vidente realiza los gestos de penitencia ya familiares: caminar de rodillas, besar el suelo, beber en la fuente. Un momento más tarde se encuentra en la cavidad de la roca: visiblemente, entabla una conversación con la Aparición… Bernardita sale del éxtasis con aire preocupado. Acaba de recibir de la Virgen un secreto personal y, además, un doble mensaje, cuya ejecución le parece sumamente difícil: “Anda y di a los sacerdotes que se construya aquí una Capilla… Quiero que se venga aquí en procesión”.

“Los sacerdotes”… Bernardita piensa sobre todo en el Párroco de Lourdes. Un santo sacerdote, muy bueno sin duda, y maravillosamente caritativo con los pobres. Sin embargo, su aspecto imponente y recia voz, impresionan enormemente a la gente, tanto más a ella que, por casualidad, es portadora de un mensaje de parte de una Joven misteriosa…!

Cuando Bernardita se presenta en la casa del Párroco, acompañada de dos tías, su respuesta es un enojo terrible: “grita como cuando está en el púlpito…”

Por la noche, las autoridades públicas deliberan. Se prevé reforzar en la ciudad y alrededor de la Gruta, el servicio de gendarmes y policías, con motivo del último día de la quincena, jueves 4 de marzo, que será, además, día de mercado.

Hoy día resultaría imposible contener el gentío que va a Lourdes. Se ha construido la Capilla que la Virgen reclamaba. ¡Y mucho más todavía: son tres las iglesias que existen ahora! Y miles son los peregrinos que llegan actualmente en procesión a la Gruta de Lourdes.

EVANGELIO: Lucas 1, 39-56.

SIGNO: Banderas, escudos, vestimentas típicas de una zona. Bendición de familias.

OCTAVO DÍA - 9 DE FEBRERO: “LA GRUTA ES MI CIELO”.

RELATO:

Las Apariciones de la Virgen a Bernardita no cambian en nada su vida. Todos los días va a la escuela. Sigue sufriendo del asma y de la tos. Pero recuerda las palabras de la visión: “No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”.

Sus padres viven preocupados por estos acontecimientos, pero no dejan de apoyar a su hija.

Las religiosas de la escuela tratan de convencer a Bernardita que no vuelva más a la Gruta. Pero la niña no tiene más que una respuesta: “Se lo he prometido”.

Los habitantes del pueblo están divididos; sin embargo, son muchos los que van a la Gruta, prenden velas y esperan largas horas la próxima Aparición. De muchos lugares llegan peregrinos a pie o en carreta.

Cuando terminaron las Apariciones, fueron aumentando las multitudes, cosa que alegró mucho a la niña. Todos los que venían a pedir gracias y favores a la Gruta, querían ver a la vidente, escucharla, hablarle. Esto se le hacía muy pesado a Bernardita, por tener que repetir cada vez las mismas cosas. Trataba de hacerlo con agrado, porque se refería a su querida Joven. Sin embargo, por su delicada salud, no podía siempre soportar estas molestias, y a menudo debía guardar cama.

Las religiosas la recibieron en el asilo de Lourdes, para apartarla de los curiosos, enseñarle a leer y escribir, y cuidar de su salud.

En cierta ocasión, cuatro años después de las Apariciones, viéndose desahuciada, recibe el Sacramento de los Enfermos. Después de haber comulgado, abre los ojos, y pide agua de la Gruta; se la traen, bebe y en el acto se levanta.

Sintiéndose llamada a la vida religiosa, deja el asilo para irse al Noviciado. Mientras prepara su partida, le ofrecen ir a la Gruta a despedirse. Bernardita sintió una gran angustia. Le costaba alejarse de Lourdes, separarse de su familia, abandonar los lugares de su infancia. Le costaba sobre todo dejar la Gruta, donde tantas veces había conversado con la Virgen.

Pero había que hacerlo.

Llegan a la Gruta, Bernardita se arrodilla con el corazón oprimido, llenos los ojos de lágrimas. ¡Pero había que volver a la realidad!

- Vamos, Bernardita, es hora de partir.

- Un ratito más… es la última vez, ya no volveré a verla.

“Oh, sí, la Gruta era mi cielo!”, dirá más tarde. Y así dejó Lourdes para siempre.

No volvería a ver a sus padres. Su mamá muere poco después de su partida al convento. Y cinco años más tarde muere repentinamente su padre, sin haber visto a su hija.

Bernardita no tuvo una vida tranquila. En la Gruta había prometido ser una víctima ofrecida por los pecadores, y esto le fue plenamente concedido. Supo de sufrimientos íntimos, de mortificaciones voluntarias, de dolorosas enfermedades y de humillaciones, que se transformaron para ella en camino de santidad.

Recordaría siempre lo que la Virgen le dijo un día: “Yo no prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”. Y esto la hizo siempre feliz.

EVANGELIO: Mateo 5, 1-15.

SIGNO: Una frase sobre los enfermos y otra sobre la vocación. Bendición de enfermos. Día de la Religiosa Contemplativa.

NOVENO DÍA - 10 DE FEBRERO: “YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”.

RELATO:

Lourdes, 25 de marzo de 1858. Fiesta de la Anunciación de la Virgen María. Bernardita se despierta muy temprano y se siente irresistiblemente atraída hacia la Gruta. A las cinco de la mañana se encamina allá.

Esta vez, Bernardita está decidida a obtener una respuesta para llevársela al señor Cura. Después del rezo del Rosario, la Aparición se acerca por la cavidad interior de la roca. Bernardita, llena de alegría, se atreve a hacerle la pregunta que ha preparado en su propio dialecto. Muy ceremoniosa dice:

- Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quién es Ud., por favor?

La Joven sonríe. No responde. Bernardita repite con insistencia su pregunta por segunda vez, y después por tercera vez. La Joven sigue sonriendo… Pero Bernardita no se desanima, porque es la condición que puso el señor Cura para construir la Capilla.

A la cuarta vez, la Joven deja de sonreír. Sus manos que estaban juntas, se separan y se extienden hacia la tierra. Después las vuelve a juntar a la altura del pecho, levanta los ojos al cielo y dice en el mismo idioma de Bernardita:

- "Que soy era Inmaculada Councepciou”: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Los colores vuelven al rostro de Bernardita. Corre a la casa del señor Cura repitiendo estas palabras que no quiere olvidar. No contesta a las preguntas que le hacen y va repítiendo por el camino: “Inmaculada Coun…cep-ciou, Inmaculada Coun…cep-ciou”. Se enreda con las dos últimas sílabas. Cuando llega a la parroquia, le grita al señor Cura:

- “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

El Padre Peyramale se sorprende. Está a punto de decirle:

- Pequeña orgullosa, ¡cómo vas a ser tú la Inmaculada Concepción!

Pero las palabras no le salen. Se da cuenta que Bernardita no dice eso de sí misma, sino que se refiere a la Aparición. Medita en silencio. Por fin le dice:

- ¡Una joven no puede llevar ese nombre! ¡Te equivocas! ¿Sabes tú lo que eso significa?

Bernardita mueve la cabeza negativamente.

- ¿Entonces, cómo puedes decir algo que no comprendes?

- Lo vine repitiendo a lo largo del camino.

Aprovechando el silencio, Bernardita murmura: “Ella insiste en que se haga la Capilla”.

El Párroco utiliza los últimos recursos de su autoridad para salir del paso:

- Vuélvete a casa, otro día hablaremos.

Bernardita está desconcertada. ¿Por qué se enoja el señor Cura? ¿Y qué quieren decir estas palabras, nunca oídas, que le suenan tan hermosas y alegres?

Lo que significa Inmaculada Concepción sólo lo sabrá más tarde.

LECTURA BÍBLICA: Apocalipsis 12, 1-5a o Lucas 1, 26-38.

SIGNOS: Flores y procesión.

CONCLUSIÓN DE LA NOVENA - 11 DE FEBRERO O ANEXAR AL NOVENO DÍA:

COMPROMISO:

En Lourdes, la Virgen nos sonríe y nos habla a través de muchos signos. En Lourdes, María nos invita a renovar nuestro compromiso cristiano con el Señor y con los hermanos. Al terminar esta Novena, queremos hacer efectivo este compromiso.

¡Virgen de Lourdes, escucha nuestra oración, aviva nuestra esperanza, muéstranos a Jesús!

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