SANTUARIO Y PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Gruta y Basílica. Quinta Normal, Santiago de Chile.


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SALUDO DE NAVIDAD 2015

Navidad

Queridos hermanos y hermanas:

El canto de aleluya, máxima expresión de alegría que conmueve las mismas alturas cósmicas, nos sumerge en el misterio de Navidad. Es el Dios hecho hombre, que se acerca a nuestra condición y realidad humana, para llevarnos de la oscuridad a la luz, de la desesperanza a la esperanza, de la prepotencia del mal a la inconmensurable fuerza del bien.

Jesucristo, el Señor, cuyo rostro contemplamos en la noche de Belén como un pequeño niño en brazos de su madre, es el rostro mismo de la misericordia del Padre. Esto es lo que nos recuerda el Papa Francisco al introducirnos, durante este año, en el Año Santo de la Misericordia. Jesucristo, rostro misericordioso del Padre, es la viga que sostiene nuestra vida, es la viga maestra que sostiene, nos dice Francisco, toda la vida de la Iglesia.

Cuánta necesidad de misericordia tenemos en estos tiempos. Misericordia con los pueblos abandonados a su suerte, misericordia con los cristianos arrasados en Medio Oriente, misericordia con los miles de migrantes que huyen de sus pueblos para poder conservar la vida, misericordia con los que buscan ser felices y reconstruir sus vidas, misericordia con los ancianos abandonados y con los niños no deseados, misericordia con los que caen una y otra vez y se levantan una y mil veces, misericordia con los que están lejos y con los que viven a su lado.

Desde que Dios se hace hombre en Jesús, el hijo de José y de María, todo se vuelve lenguaje misericordioso. Los gestos, las palabras, las enseñanzas, los milagros, las llamadas son ese testimonio preciosos que nace de las entrañas mismas de Dios. Dios es amor, Dios es misericordioso, nos lo recuerdan innumerables textos tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.

El mejor regalo para esta Navidad y para este año que nos podemos dar es el de cultivar un corazón misericordioso. Y lo podemos hacer practicando las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos y entrerrar a los muertos. Y también llevando a la práctica las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Si en esta Navidad somos capaces de tomar el camino de Dios, que es el camino de la misericordia, todo nuestro año y los años por venir estarán marcados por este sello propio de esta noche de Navidad: “Tanto amó Dios al mundo, que le envió su propio Hijo”.

Les bendice, su hermano y pastor.

P. ALDO GAJARDO A., a.a.
Párroco y Rector Santuario
Ntra. Sra. de Lourdes, Chile.

Edición Noviembre-Diciembre de 2015 Revista El Eco de Lourdes.

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