SANTUARIO Y PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Gruta y Basílica. Quinta Normal, Santiago de Chile.


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NO SOLAMENTE PALABRAS

Se cuenta que un día un tal Xanto envió al fabulista Esopo al mercado para que comprara lo mejor que viera. Esopo fue y le trajo una lengua. Xanto, extrañado, le dijo: “¿Esto es lo mejor que encontró en el mercado?”. Y Esopo le respondió: “Sin duda alguna; la lengua es el órgano de la verdad, del elogio y nos permite a los hombres comunicarnos y entendernos”.

Pasados algunos días, Xanto envió de nuevo a Esopo al mercado para que comprara lo peor que él encontrara y Esopo le trajo también lengua. Xanto le dijo, de nuevo, extrañado: “¿Y esto es lo peor que encontró en el mercado?”. Y le dijo Esopo: “Sí, la lengua es el canal de la mentira, del chisme y la ofensa. La lengua es el arma que usan los hombres para ofenderse mutuamente”.

La verdad es que la palabra ha valido y sigue valiendo para todo:

  • Con la palabra se engaña a los pueblos o se les enseña la verdad.

  • Con la palabra expresamos el amor y el odio.

  • Con la palabra ocultamos la realidad que llevamos por dentro o expresamos la verdad de nuestros sentimientos.

  • Con la palabra expresamos nuestras hipocresías, pretendemos engañar a los demás o manifestamos nuestra verdad al desnudo.

  • Con la palabra levantamos y hundimos a quienes se nos pongan por delante.

  • Con la palabra alabamos y ofendemos a los otros.

  • Con la palabra decimos sí a sabiendas de que es no o decimos no a sabiendas de que es sí.

La palabra vale para todo y, precisamente porque vale para todo, desconfiamos tanto de la palabra:

  • ¡Qué difícil se nos hace creer en la palabra de muchos de nuestros políticos! ¡Engañan demasiado menospreciando al pueblo!

  • ¡Qué difícil se hace creer en la palabra de un esposo o una esposa que siempre está mintiendo!

  • ¡Qué difícil se le hace a unos padres creer en la palabra de sus hijos, cuando ven que siempre les están engañando.

  • Hoy hay demasiadas palabras plagadas de falsedad y de mentira; por eso hay también tanta desconfianza mutua. La palabra ya no vale por si misma. Su único aval son las obras. Jesús mismo decía a los judíos: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras" (Juan 10, 38).

Las palabras se han devaluado hoy demasiado, como dice el refrán: “Palabras sin obras se venden barato”.


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